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Los cumbayás, waykys, hippies, pachamámicos/as, perroflautas y todos estos grupos neo-étnico alternativos tienen la capacidad de integrar diferentes filosofías y disciplinas tradicionales en su forma de vida, y a veces, apoyados en ellas y en cierta concienciación social y política, vivir o intentar vivir fuera del sistema. Esto no es una condición sine qua non, pero sí un dictamen para la mayoría. A nosotras nos encantan la diversidad, la libertad y la conexión con la Madre Tierra pero ¿algunos de ellos no estarán confundiendo términos? Hay que cuidar el gasto de agua en el planeta porque cada vez hay más sequía, pero ¿significa eso poner a prueba el olfato de los demás congéneres? Todo el mundo debería tener derecho a una vivienda digna, pero ¿significa eso que debes vivir de gorra en el sofá de los colegas sin pagar un centavo? Los detergentes dañan el PH del agua, pero ¿hay que dejar que una nueva colonia de cucarachas se instale en casa y que los pantalones cobren vida y salgan caminando solos? Deberíamos cuidar nuestra alimentación y comer alimentos biológicos, pero ¿los pesticidas y transgénicos no son igual de químicos y artificiales que la cocaína, el éxtasis, la ketamina y demás? Estoy de acuerdo en que hay que proteger los animales y darles sus derechos, pero ¿hace falta que el altruismo les lleve a prestar sus rastas como refugio a todo animal e insecto viviente? Como todo en la vida, no se trata de que nuestra querida tribu neo-étnica alternativa esté confundida, se trata más bien de una cuestión de elección, y ellos deciden fusionar, experimentar y elegir a conveniencia, porque de tontos no tienen ni una rasta.
El séptimo arte es una de mis mayores necesidades en esta vida, pero no me obsesiona tanto como para mimetizar los guiones cinematográficos y representarlos en mi día a día. Aunque la causalidad me ha llevado a ver “Crash” de forma premonitoria. A la 1:55h. de la madrugada sufría un atropello perpetrado por un taxi marca Toyota Corolla, matrícula SZ9499, al cruzar la calle hacia la Plaza de Armas.
En “Crash” el arbitrario azar pone en contacto a una serie de personajes que luchan contra sus miedos a medida que se cruzan con las vidas de los otros. Nadie se toca y el único contacto es la colisión. Los personajes son llevados al extremo, expuestos al abismo, para urgar en las profundidades de su alma y forzarlos al cambio, a la reflexión profunda, que de otra manera no se produciría.
Por un momento la vida me ha dado vueltas sin orientación (María…¿qué está pasando?). Mi visión centrífuga perdió el sentido del equilibrio. Entre el cielo y la tierra durante varios segundos. Mi cuerpo se golpeó rodó y se arrastró. Dejé de entender y me encontré en el suelo adoquinado, frente a la catedral, una noche estrellada… en Cusco. Una gran sacudida que renueva y airea los estratos aposentados de mi ser. Una situación que me hace colisionar con otros seres, y con lo que reavivamos el flujo marchito de nuestras vidas, que nos despierta a algo a lo que yo, todavía, no entiendo. Sólo se que mis cuerpos se remueven entre ayahuasca, purgas de tabaco y colisiones…
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